‘¿Qué -demonios- le sucedió al cruzado enmascarado?’ Eso me gustaría a mí saber.

Batman finaliza otro ciclo en el cómic “¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?” dibujado por Andy Kubert. Neil Gaiman nos induce en ésta oda por algunos dilapidada por “demasiado onírica y alegórica“.batman_que_le_sucedi_al_cruzado_enmascarado_planeta_comic_

La historia arranca perezosa, como un ejercicio de homenaje fácil en el que poder ver a todos los personajes -aliados y villanos de Gotham- en un sólo tomo acudiendo al funeral de Batman. Sin embargo, en algún lugar se oyen las voces de un Bruce Wayne desorientado.

[Spoil, spoil, spoiler…]

Pero Batman está muerto. ¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Se ha visto Batman obligado a fingir su muerte? Uno a uno, los invitados se acercan para decir unas palabras. Todos tienen una idea diferente sobre lo que le ocurrió al morir y la persona que era. ¿Qué le sucedió al cruzado emmascarado?

Se trata de una buena história por la amplitud de interpretaciones que tiene; si hemos leído el material adicional, sabremos que es un cómic que hay que leer de manera abierta, pues se trata de un homenaje a todos los arcos de Batman.

“Si tenia que contar la última história sobre Batman, tenía que ser algo que sobrevivirera a su muerte o desaparición actual, algo que siga considerándose la última história de Batman tanto dentro de 20 años como de 100. […] ¿Qué sería más apropiado, entonces, que una história sobre su muerte?”                  ~N. Gaiman. Introducción

O, como yo lo veo, que sería peor que matar al enmascarado? Gaiman ha sido muy cruel. Ha decidido eliminarlo como símbolo.

batmanAunque cada asistente a este relato exponga su própia versión, siempre hay una que destaca por encima del resto. Una história que sólo por el hecho de existir hace tambalear toda la história conocida.
Hablamos de la de Alfred. Alfred tenia una vida bohemia en una compañia de teatro en su juventud. Al morir su padre, tuvo que suplir su lugar en la residencia Wayne como mayordomo. Alfred nos cuenta que Bruce veía una satisfacción en patrullar las calles aunque no fuera nada bueno en ello y siempre acabara herido. Le daba una ilusión, y muchas otras veces lo llevava a la locura depresiva. Por eso Alfred decidió pedir ayuda a su compañia para interpretar a los grandes villanos de Gotham ante Batman y dejarse vencer. Así, el Pinguino, Enigma, Catwoman… Eran solo el circulo de Alfred cultivando una relación de amor-odio con el hombre que tenia una obsesión. Alfred es el Joker, el malísimo gran malo, quizás con un masoquismo hacia su estimado Bruce impulsado por la obligación de verse alejado de la vida de actor para ser el perro faldero de la alta sociedad.

Quizás no es verdad, NO DEBERÍA SER VERDAD. El Joker en persona ha venido al entierro. ¿Alfred es el Joker? Mira, no se qué decirte, pero no podré pensar en Batman de la misma forma.

Para Bruce, esa revelación mata toda su trayectoria. Ya no es un heroe. ¡Batman no existe! Alfred explica tranquilamente la historia a todo el mundo dando por hecho que conocen la identidad del difunto, pero no es Bruce el que hay en el ataúd, es Batman, con su capa y antifaz. Bruce vive la experiencia desde fuera de su cuerpo, porque ya no se siente ligado a ese símbolo. Batman, el que se esconde entre las sombras, como cualquier otro heroe, no tiene identidad. Incluso diria más: no tiene entidad. Un heroe no es para sí, sinó en la medida en que la ciudad necesita que sea. Un heroe no se mezcla con los paisanos, nadie debe nunca conocer al heroe para no entorpecerle de su tarea. En una ciudad enferma, cada uno idealiza al heroe como lo sueña. Para Robin, el inspector, etc. Era el ejemplo a seguir su lucha contra el crímen.

¿Y si… en algun lugar… todo fuera real? En algun lugar la broma pesada es a expensas de todos, no solo de mí.

~Bruce. Al enterarse.

Que Batman pueda existir es el fruto de una locura colectiva. Una locura (en la ciudad, en la vida de Bruce…) que requiere una locura mayor. Todos necesitamos algo en qué creer. Al crimen, necesitaremos un mamífero volador.

Eddie Nash, alias El acertijo, es el primero en caer en la locura, arrastrado por su papel (que le dió Alfred). Cuando Bruce le dice que lo deje, reconociendo la verdad, la mentira de ámbos, él le dispara para no oírlo.

Catwoman, en su propia versión, insiste mas de una vez en el deseo de ser una ciudadana normal junto a Batman. Dejar su papel de superheroina o supervillana, simplemente tener una tienda, ser feliz…. Pero Batman no puede dejar la locura del justiciero, la necesita. Fué elegido por ella, en la muerte de sus padres. Su dolor lo hizo mártir y será siempre. Selina no puede soportar no estar con él. Salvar la ciudad le hará mal a su cerebro. Quiere que sea normal, aunque eso signifique dejarle morir cuando él se desangra.

Pero Batman jamás se entrega o se rinde. Lucha hasta que se muere. En cualquier universo posible. Batman debe morir salvando a la ciudad. Es su sino. El principio y el final de la história nunca cambia. Al final del tomo, se nos plantea como una reflexión Nietzscheana: si volviera a nacer, todo volvería a ocurrir. Quizás de un modo distinto, pero Batman es un personaje demasiado necesario para no existir.

En definitiva, el suculento relato del cruzado es un homenaje a la par que una reflexión sobre el papel del héroe. Los Batmans de Frank Miller, Dick Sprang, o Kelley Jones descansan en el féretro.

Al fin y al cabo, ¿cuántas veces ha muerto Batman, desde 1939? ¿Sabemos acaso si hemos acudido a un funeral o hemos acudido a todos ellos? Mis sentidos pésames, lector, pues todo eso ha quedado atrás.

 
 
 

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