Kimi no na wa (Your Name, 2017): Makoto Shinkai recuerda su nombre

Últimamente, estoy viendo esas aclamadas películas del año pasado y que pasé por alto. Ayer fue el turno de Kimi no Na wa. La miro con recelo porque no me gusta Makoto Shinkai y no le perdono en absoluto que en algún momento hiciera 5 centímetros por segundo, y en ella su posado intensito y cursi, un ritmo tan lento como un cercanías Barcelona o su ausencia de personajes memorables. Kimi no Na wa se nos presenta como algo similar a un apéndice de esta. Si Kimi no Na wa es el anime del año 2016 distribuido en España en 2017, seguramente debería competir a justícia por su título con Koe no Katachi, del mismo año pero nunca elegida por Selecta Visión para llegar a nuestros lares, lo mejor de Naoko Yamada después de dejar el género Idol.  Creo que el director de anime de nuestro tiempo es Mamoru Hosoda, y que Makoto Shinkai está trabajando con éxito para poder arrebatarle el puesto, pero va a tener que darnos algo distinto.

Tras exiliarse a Agartha, Makoto Shinkai quiso hacer algo más adulto en El Jardín de las Palabras, donde su gravedad metafísica se hace mucho más coherente, pero era una película sencilla, poco ambiciosa en planteamiento (pero funcional) que no apuntaba más allá.

Tu nombre ha sido su redención en el género shôjo, y podemos juzgar que estos nueve años de carrera han jugado a favor de Shinkai.

La idea de la cinta parte de una tópico romántico raído como el hilo rojo del destino, pero lo resignifica a través de una lógica propia que desarrolla giros de trama inesperadas y lo abre a muchas posibilidades.

Por una vez, esta es una película con un gran ritmo gracias a la narrativa de Ponte en mi Lugar, el intercambio de cuerpos entre una chica de pueblo y un chico de ciudad. Es siempre entretenida y se dirige dónde quiere ir: cuando no es una película amable es porque hay un misterio, y cuando no hay un gran obstáculo que se quiere evitar. Se puede decir lo mismo de su fantástica música que también le aporta un gran ritmo y sigue por generar este embalaje de momento músical, de anime impostado: puede que esta sea una de las razones que han hecho a Kimi no Na wa tan exportable, y haya hecho de ella un punto de entrada de muchos neófitos a este tipo de cine.  Y es que este película de animación no sólo tiene opening, si no que tiene cuatro temas principales.

Hay que añadir que para al tono dramático al que nos tiene acostumbrados Makoto-sama, esta película termina bien, sin pasarse, con grandes paralelismos a aquel anticlímax de 5 cm/s, y la escena es tan parecida que casi parece una carta abierta de disculpa para todos los que la vimos, que demuestra que ha madurado precisamente deshaciéndose del derrotismo y gravedad adolescentes, que una película romántica puede mantenerse en la memoria sin que se termine el mundo de los protagonistas.

La sensibilidad mezclada con la trama sobrenatural, la música, esa superforma del anime contemporáneo y el uso de decorados bellicistas por ordenador que siempre ha definido a Shinkai y que ya ha perfeccionado, han hecho de esta una película que ha calado en los cines, y yo estoy dispuesto a secundarlo.

Tu nombre 2017 kimi no na wa

 

 

Anuncios

Un corto de Kiarostami para entender el arte en lo menos pretencioso

En la carrera de medios Audivisuales, nunca pensé que se trataría el circuito del videoarte, no sólo eso, si no que los profesores de tres diferentes asignaturas distintas iban a tener relación con el videoarte o el arte contemporáneo. Gracias a eso quizás supe abrir un poco más mi espíritu crítico y pude ver que no hay un prisma único desde donde analizar el cine.

Aunque no me considero un crítico académico de especialización, creo ser lo bastante versátil para captar algunos matices que se escapan al dogma de la crítica profesional cuando desprecian algo, a la vez que poder ver virtudes que se escapan al público comercial (quien es suficientemente sabio para saber si ha valido la pena gastarse una entrada de cine al 21% de impuestos). Cada uno tiene su tipo de cine y no debería despreciar cine con diferentes pretensiones a los que cada uno quiere ver.

vlcsnap-2018-01-22-22h02m01s040Lo pensé otra vez al descubrir en Internet el corto de Abbas Kiarostami, “No” (2011), que para algunos espectadores de Youtube hacían ver al director como sobrevalorado. Sí, es una de esas situaciones de desacreditación cuando “algo lo podría hacer un niño de 10 años”. A su favor, son 9 minutos de video casero con el interés en un solo plano. No hay mayor trama que una madre que intenta convencer a su hija para ser rapada delante de la cámara. Es en efecto un corto desnudo de grandes esteticismos a nivel de un video de whatsapp de nuestro tiempo. Asimismo, como en el arte contemporáneo, el acto y proceso de hacer una película puede ser tan importante como la película en sí.

Partamos de lo que hizo Marcel Duchamp con su urinario en la escultura Fontain (1917): no se trata de que un urinario tenga calidad artística sino de qué cualidades artísticas le podemos encontrar los espectadores al ponerlo en un marco artístico, de el medio artístico como amplificador de significados. De la misma manera Kiarostami eleva un vídeo casero a la categoría de corto, queriendo despertar una lectura en profundidad del mismo, borrando la línea entre realidad y guión e implicándonos con un personaje cotidiano.

El cine de Kiarostami se desarrolló a causa de un panorama nacional Iraní lleno de tabúes (Véase “¿Dónde está la casa de mi amigo?” 1987) y sus historias pequeñas con niños protagonistas causaron empatía con el publico italiano, con tradición en el Neorrealismo. Es cuando sabemos esto que podemos encontrar las pequeñas alegorías: nos percatamos también de la potente presión que genera estar a merced de la cámara y las expectativas de todos aquellos que lo verán, de lo difícil que es decir que No a una madre que quiere lo mejor para tí, de que “No”, si quisiéramos llevarlo al extremo, habla del individuo manteniéndose firme ante intereses paternalistas.  Todo a través de una niña que no quiere raparse el pelo! — Por muy bueno que pueda ser el corto resultante. ¡Y qué bien sienta tener el pelo al viento! Sigue leyendo

La Niebla de John Carpenter (1980),  un Slasher Olvidado

La tripulación fantasma de un barco desaparecido cien años atrás se materializa en Antonio Bay para matar a seis desdichados y cobrar su deuda de sangre con el pueblo.

El director repite de Actrices con Adrianne Barbeau y la ahora célebre protagonista de Halloween y The Prom Night Jamie Lee Curtis, e incluye a la madre de Curtis, Janet Leigh, quién protagonizó ese santuario para el género que fue la película Psicosis.  Carpenter hará equipo con su co-guionista y productora habitual en esa época, Debra Hill. Vemos un John Carpenter en su salsa, comodísimo, que hace parecer sencilla la labor detrás de los omnipresentes efectos de cámara.

La Niebla sigue a la “Someone’s watching me” y a Halloween. Se trata de una película no muy mencionada dentro del cánon del Slasher film de los ochenta, al que indudablemente, John Carpenter siguió aportando, dándole más presencia a lo oculto en ésta película de fantasmas.

En ese aspecto, se ve como una película adelantada a su tiempo, gozando de la libertad de temática y compromiso que le da la serie B, un campo colindante con la ciencia ficción y la fantasía (de la que Carpenter fue partícipe en Dark Star). The Fog está edificada sobre lo que parecen los cimientos del terror comercial palomitero de la década presente. En contra de lo que nos encontraríamos en los noventa con el renacimiento del Slasher, posteriormente el terror evolucionaría a historias en el rango de “chicos jugando a la ouija despiertan un demonio”, donde los monstruos en fiebre asesina provienen de lo oculto, mezclando lo violento con lo fantasmagórico, bebiendo todavía de la explotación de ese subgénero previo.

Este “Slasher Sobrenatural” hereda un elemento estructural poco propio del Slasher, y es la secuencia de invocación del fantasma o demonio que también encontramos en La Niebla que encaja del mismo modo en el “cine de apuñalamientos”, con una estructura de Leyenda; Invocación; Primera Sangre; X deben morir (dónde se define quién será acosado); Plan y Compensación, dónde se intenta huir y calmar al demonio; y Continuará, donde se sugiere o se demuestra que el mal no ha sido satisfecho o el asesino no está muerto y vuelve a empezar el horror, usando la intriga y la sorpresa.

Así pues, La Niebla, se mantuvo conservadora respecto al corriente del Slasher ya entonces, y eso de parte de un director provinente del cine de explotación es un signo de madurez. Mientras la taquilla daba a luz los ultraviolentos villanos Jason Vorhees y Freddy Kruger, La Niebla hizo su propio camino, limitando los jumpscares efectistas, más adentrado en el arte del suspense, haciéndonos participar de la víctima que va a morir pero no lo espera, usando el humor negro de la ironía dramática.

Captura de pantalla 2017-12-28 a las 21.02.38

Los sintetizadores de Carpenter (que ya en sus trabajos anteriores se había fijado en El Exorcista) están a la altura de la mezcla de sonido, cuyo resultado destacado es una angustiosa escena de créditos iniciales de aparatos eléctricos volviéndose locos. Le sigue el constante achaque de los efectos de sonido, como campanas o sirenas de barco para el aturullamiento de los nervios, en este filme que tiene la figura de la radio como hilo conductor.

 

La Niebla hace todo esto con una atmosfera sugerente y bellicista, técnicamente sin taras: una película estilizada y aterradora.

Ecos falocéntricos en Rosemary’s Baby (1968)

Con su título traducido al Español con un gran Spoiler, Rosemary’s Baby tiene para nosotros más interés en cuanto a su tono paranoico que su giro de guión. La película ha sido un hito del cine pop. Me permito recordar como resuena en Pactar con el Diablo, que sigue siendo la historia de una mujer embarazada abandonada por su marido, pero interpretando el mal  como el beneficio propio y la corrupción capitalista.

La interpretación del mal en Rosemary’s Baby es mucho más clásica, ya asimilada en el imaginario popular. Eso permite el juego de tomar el satanismo como una costumbre cotidiana, una mera pieza de estética y folklore que nos acerca al realismo mágico. Los ideales satánicos más representados aquí son el arribismo y la manipulación de las personas sin valor a través de vampirizar a la tonta e inocente Rosemary hasta la alienación absoluta.

Rosemary’s baby materializa el delirio persecutorio trazando relaciones con la histeria preparto y la histeria femenina en general. Es el relato de las relaciones absorbentes, de la chica fácilmente influenciable, enamorada de su marido, abandonada por su atención y que se deja engañar por el amor que le tiene. Tratada como un recipiente donde engendrar al anticristo, sus dolores son negados, su bienestar físico es sorbido por el íncubo en su seno y es alejada de todos sus conocidos para que no se rompa la ilusión de normalidad y cuidado que le han vendido. Lo único que puede cambiar la dinámica es la propia mujer reafirmándose y exigiendo sus propias decisiones, como el filme muestra cuando Rosemary decide ir a otro médico para calmar sus dolores, el feto los calma por si sólo. Lo único que le dará más espacio es pedirlo.

La cinta nos lleva en un ciclo de negación de la mujer cándida y su desempoderamiento,  mostrando su burbuja personal invadida hasta acabar secuestrada en su propia casa por una comunidad de vecinos satánica. La conjura satánica es un mito que levita sobre la historia que podemos creer, o desestimar para someter todavía más a Rosemary a los cánones de mujer histérica. Los mismos créditos iniciales nos incitan a posicionarnos con que lo que está sucediendo es idílico: nos invita hacernos cómplices del maltrato emocional hacia el personaje con contrariedad y la mínima empatia hacia la pobre Rosemary.

Rosemary es un vientre de alquiler in extremis, desnudada de cualquier otra meta en la vida. Esta concepción de la mujer como bleeding womb y su único acceso al poder en el mundo a través de la maternidad, es lo que justifica que, a pesar de todo lo vivido, Rosemary acceda a ser la madre de un monstruo y aprenda a quererlo.

La cinta subyace sometimiento femenino en grandes cantidades, un espectáculo doméstico del que todos vamos a ser cómplices en el marco de los años 60. La cultura visual de la publicidad para televisión en el momento nos bombardea imágenes de la mujer como útil del hogar en pisos perfectamente decorados. Aunque con mucha censura, La Semilla del Diablo llegará también en España para revisar el riesgo de ser una mujer Yé-Yé ingenua en la etapa desarrollista de final del franquismo.

Rosemarys-Baby-photo-3

BIBLIOGRAFÍA: Mulvey, Laura. “Visual Pleasure and Narrative Cinema”. Film Theory and Criticism: Introductory readings. Eds. Leo Braudy and Marshall Cohen. New York: Oxford UP, 1999: 833-44.

 

 

 

Woody Allen presenta a Woody Allen como “Mucho Maxo” en ‘Irrational Man (2015)’, con Joaquin Phoenix.

Qué clase de profesor de filosofía corta una cita de la más reconocida feminista del s.XX y la transgiversa intencionadamente en machista, o usa el reductio ad Nazium, una de las falacias más evidentes, para demostrarse superior a sus alumnos? No es otro que Abe Lucas, el protagonista y alter ego de Woody Allen en Irrational Man, donde Woody ilustra una vez más (véase Manhattan) las relaciones pasionales maduro-joven (en Irrational Man: profesor-alumna). La elección temática parece casi una autojustificación de la historia de amor de Allen con la hija adoptada de su ex mujer, Soon Yi –por años en el punto de mira de la prensa. Con ello, coloca su punto de vista sobre las relaciones asimétricas detrás de una pared de cristal.

En Irrational Man no solo vemos la perspectiva de un desgraciado intelectual “atormentado”, también vemos los razonamientos de un Allen en horas bajas que se antoja previsible, prepotente, machista, victimista y paternalista: no se puede evitar pensar que el director necesita un champú anticaspa.

Seguimos a Abe (Joaquin Phoenix), ese personaje deplorable, acompañado por Emma Stone, una groupie sin consciencia al principio qué interpretará a Diane Keaton en la segunda parte, y finalmente será un personaje por mérito propio los dos últimos minutos de película. Avisados quedáis, no hay nada que me saque más de las casillas que el tratamiento de las mujeres en esta película, siendo accesorios del protagonista, mujeres florero desesperadas por el chorrito de Abe Sapien. La cinta es en su mayor parte un relato erótico sin sublimar, un fanfic universitario, en el que Allen se la casca sobre el gran favor que hace Abe a estas chicas al acostarse con ellas, ya que él no tiene líbido y ellas lo convencen.

Tal que así la controversia profesor-alumna se resuelve con un “ella me buscaba”, “me tenía idealizado”, “me hacía sentir su juventud y energía”. Con esto, la víctima se pasa a Stone por la piedra mientras pasa su responsabilidad por el arco de triunfo… Hasta… Que Stone demuestra tener capacidades intelectuales a la altura de Abe (o Allen, que es lo mismo) y baja a su ídolo del pedestal para volverse un obstáculo para él al exigirle responsabilidad ciudadana. En paralelo, podríamos pensar que es el mismo momento en que cualquiera se daría cuenta de que tu crush madurito no está por tí si no por otras cosas y que tu eres tan solo un capricho.

No os dejéis engañar. El mensaje de esta película no es hablar sobre el romanticismo de la depresión, o el azar, o el existencialismo nórdico, ni Kant. Su ideología flota y es lo que Allen demuestra bajo la recargada y gafapástica forma de la filosofía, esperando que el público quede encandilado y pase ciertas cosas por alto.

Veredicto: estoy cabreado.

irrational-man-3

 

Fans de El club de la lucha acusan de plagio a Mr. Robot en la red

Últimamente me encuentro este tipo de comentarios en internet. Que la serie de Sam Esmail falla de originalidad y que Mr. Robot se siente como un constante recordatorio de El Club de la Lucha. Se entiende que una escena de revelación sobre el protagonista como la del final de la primera temporada con “Where is my mind” de fondo mientras el mundo se derrumba no difiere mucho en concepto de la escena de Edward Norton y Helena Bonham Carter dónde “Me has conocido en un momento extraño de mi vida”, hay una revelación sobre el protagonista, “Where is my mind” sonando y el mundo derrumbándose. Digamos que se han visto guiños más sutiles.

¿Pero qué me cuentas? ¿Es que el Club de la Lucha lo inventó todo? Pues claro que no, siempre es una combinación de elementos. En absoluto el club de la lucha tuvo el primer antihéroe del cine, ni el primer narrador, ni el rollo nihilista.  Siempre hay alguien que hace el primer intento en sumarlo todo (Taxi Driver, 1976 ), alguien que mejora la jugada y se vuelve un clásico (El club de la Lucha, 1999) y alguien que finalmente consolida el género (Mr. Robot, 2015).  Lo bueno es que cada una respira de su tiempo y sabe actualizar su mensaje. Club de la Lucha es una critica al capitalismo, pero Mr. Robot la actualiza magistralmente a la era de internet.

Estos chicos han creado un género, o incluso, una superfórmula. La superfórmula te dice la manera de decir las cosas para que sean sistemáticamente molonas. Y cuando algo se nota así de prefabricado, lo condenan al mainstream. Después de Mr. Robot, cualquiera que intente plantar la semilla de una nueva serie en el mismo suelo, lo hará en un campo árido donde nada podrá ser una obra maestra, porque Mr. Robot YA ha saturado su género. Saber que Mr. Robot tiene las pretensiones de repetir la superfórmula una y otra vez creyendo que se gana el público, es lo que te hace aborrecer la serie, y que la vocecita en over de Elliot sea irritante. La serie no debió mostrar sus cartas con ese guiño, porque ahora sabemos exactamente qué esperar de ella. Así que sí, me pongo en el lugar de estos haters.

Pero oye, vamos a calmarnos ( ͡º ͜ʖ ͡º) , que Mr. Robot   está muy bien, también. Sus personajes, actuaciones o su fotografia aportan muchísimo a la experiencia. Elliot hablandole a su amigo imaginario, también. La segunda temporada no es nada mala; vemos una guerra silenciosa entre F Society, el FBI, y el Dark Army, el descenso a los infiernos de Ángela o la aparición de Dominique Di Pierro, una agente del FBI que no encaja en los canons -por el hecho de verla hacer cosas de gente normal, y eso sí que es raro-.

¿Entonces, creeis que vale la pena dejar de seguir la serie por un guiño a una peli?

La camara oscura de Hiroshi Sugimoto

Hasta el 8 de Mayo se puede ver en la casa Nogués i Pallarès de Barcelona la exposición Black Box de Hiroshi Sugimoto. Además los lunes la entrada es gratuíta de 14h-20h.

Esta se trata de una oportunidad única para ver en directo la obra de uno de los grandes maestros del medio fotográfico. Hiroshi Sugimoto es un experimentalista de la larga exposición, con resultados como su serie “theatres“, que exhibida en gran formato gana una dimensión de profundidad a la que el visitante se sentirá arrastrado. Otra serie ejemplar es la fascinante “lightning fields“, que nos permite ver el camino trazado por los rayos eléctricos con todo detalle, a partir de su impresión en la camara oscura. Es imprescindible, también, la minimalista “seascapes“, que a partir de una composicion simple, captura los contrastes entre mar y cielo, en afán de acercarse a la fotografía más plana y pictórica.

El dominio de la luz del autor es patente en la curiosa, casí inquietante “portraits”. Si queréis ser realmente sorprendidos, plantaros en la exposición y preguntaros como tomó las fotografías Sugimoto y solo después informaos de los hechos: hiperrealista tanto en forma como en fondo, estos retratos de figuras de cera parecen tener vida,  desde los posados de Ana Bolena o Enrique VII que solo podíamos imaginar en cuadros, hasta los más contemporáneos como Fidel Castro. Mientras que ninguno de ellos llegó a conocer al fotógrafo japonés, el lenguaje fotográfico les da a las réplicas una verdad que de por sí no tienen. Lo mismo predica Sugimoto al transformar expositores de museos de ciencias naturales en verdaderos paisajes documentales en “Dioramas“.

Black Box es una exposición donde se confunde la fotografía con las artes plásticas, dónde el mar y los cines se reducen a no-lugares de calma primordial. Donde Sugimoto nos genera preguntas como “¿Hasta que punto se planifican las fotografías que vemos cada día?” “¿Qué hace que las fotografías de Sugimoto se vean tan reales?” “¿Llegó el hombre a la Luna en realidad, o fué solo un simulacro?”. Altamente recomendable.