Woody Allen presenta a Woody Allen como “Mucho Maxo” en ‘Irrational Man (2015)’, con Joaquin Phoenix.

Qué clase de profesor de filosofía corta una cita de la más reconocida feminista del s.XX y la transgiversa intencionadamente en machista, o usa el reductio ad Nazium, una de las falacias más evidentes, para demostrarse superior a sus alumnos? No es otro que Abe Lucas, el protagonista y alter ego de Woody Allen en Irrational Man, donde Woody ilustra una vez más (véase Manhattan) las relaciones pasionales maduro-joven (en Irrational Man: profesor-alumna). La elección temática parece casi una autojustificación de la historia de amor de Allen con la hija adoptada de su ex mujer, Soon Yi –por años en el punto de mira de la prensa. Con ello, coloca su punto de vista sobre las relaciones asimétricas detrás de una pared de cristal.

En Irrational Man no solo vemos la perspectiva de un desgraciado intelectual “atormentado”, también vemos los razonamientos de un Allen en horas bajas que se antoja previsible, prepotente, machista, victimista y paternalista: no se puede evitar pensar que el director necesita un champú anticaspa.

Seguimos a Abe (Joaquin Phoenix), ese personaje deplorable, acompañado por Emma Stone, una groupie sin consciencia al principio qué interpretará a Diane Keaton en la segunda parte, y finalmente será un personaje por mérito propio los dos últimos minutos de película. Avisados quedáis, no hay nada que me saque más de las casillas que el tratamiento de las mujeres en esta película, siendo accesorios del protagonista, mujeres florero desesperadas por el chorrito de Abe Sapien. La cinta es en su mayor parte un relato erótico sin sublimar, un fanfic universitario, en el que Allen se la casca sobre el gran favor que hace Abe a estas chicas al acostarse con ellas, ya que él no tiene líbido y ellas lo convencen.

Tal que así la controversia profesor-alumna se resuelve con un “ella me buscaba”, “me tenía idealizado”, “me hacía sentir su juventud y energía”. Con esto, la víctima se pasa a Stone por la piedra mientras pasa su responsabilidad por el arco de triunfo… Hasta… Que Stone demuestra tener capacidades intelectuales a la altura de Abe (o Allen, que es lo mismo) y baja a su ídolo del pedestal para volverse un obstáculo para él al exigirle responsabilidad ciudadana. En paralelo, podríamos pensar que es el mismo momento en que cualquiera se daría cuenta de que tu crush madurito no está por tí si no por otras cosas y que tu eres tan solo un capricho.

No os dejéis engañar. El mensaje de esta película no es hablar sobre el romanticismo de la depresión, o el azar, o el existencialismo nórdico, ni Kant. Su ideología flota y es lo que Allen demuestra bajo la recargada y gafapástica forma de la filosofía, esperando que el público quede encandilado y pase ciertas cosas por alto.

Veredicto: estoy cabreado.

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Fans de El club de la lucha acusan de plagio a Mr. Robot en la red

Últimamente me encuentro este tipo de comentarios en internet. Que la serie de Sam Esmail falla de originalidad y que Mr. Robot se siente como un constante recordatorio de El Club de la Lucha. Se entiende que una escena de revelación sobre el protagonista como la del final de la primera temporada con “Where is my mind” de fondo mientras el mundo se derrumba no difiere mucho en concepto de la escena de Edward Norton y Helena Bonham Carter dónde “Me has conocido en un momento extraño de mi vida”, hay una revelación sobre el protagonista, “Where is my mind” sonando y el mundo derrumbándose. Digamos que se han visto guiños más sutiles.

¿Pero qué me cuentas? ¿Es que el Club de la Lucha lo inventó todo? Pues claro que no, siempre es una combinación de elementos. En absoluto el club de la lucha tuvo el primer antihéroe del cine, ni el primer narrador, ni el rollo nihilista.  Siempre hay alguien que hace el primer intento en sumarlo todo (Taxi Driver, 1976 ), alguien que mejora la jugada y se vuelve un clásico (El club de la Lucha, 1999) y alguien que finalmente consolida el género (Mr. Robot, 2015).  Lo bueno es que cada una respira de su tiempo y sabe actualizar su mensaje. Club de la Lucha es una critica al capitalismo, pero Mr. Robot la actualiza magistralmente a la era de internet.

Estos chicos han creado un género, o incluso, una superfórmula. La superfórmula te dice la manera de decir las cosas para que sean sistemáticamente molonas. Y cuando algo se nota así de prefabricado, lo condenan al mainstream. Después de Mr. Robot, cualquiera que intente plantar la semilla de una nueva serie en el mismo suelo, lo hará en un campo árido donde nada podrá ser una obra maestra, porque Mr. Robot YA ha saturado su género. Saber que Mr. Robot tiene las pretensiones de repetir la superfórmula una y otra vez creyendo que se gana el público, es lo que te hace aborrecer la serie, y que la vocecita en over de Elliot sea irritante. La serie no debió mostrar sus cartas con ese guiño, porque ahora sabemos exactamente qué esperar de ella. Así que sí, me pongo en el lugar de estos haters.

Pero oye, vamos a calmarnos ( ͡º ͜ʖ ͡º) , que Mr. Robot   está muy bien, también. Sus personajes, actuaciones o su fotografia aportan muchísimo a la experiencia. Elliot hablandole a su amigo imaginario, también. La segunda temporada no es nada mala; vemos una guerra silenciosa entre F Society, el FBI, y el Dark Army, el descenso a los infiernos de Ángela o la aparición de Dominique Di Pierro, una agente del FBI que no encaja en los canons -por el hecho de verla hacer cosas de gente normal, y eso sí que es raro-.

¿Entonces, creeis que vale la pena dejar de seguir la serie por un guiño a una peli?

La camara oscura de Hiroshi Sugimoto

Hasta el 8 de Mayo se puede ver en la casa Nogués i Pallarès de Barcelona la exposición Black Box de Hiroshi Sugimoto. Además los lunes la entrada es gratuíta de 14h-20h.

Esta se trata de una oportunidad única para ver en directo la obra de uno de los grandes maestros del medio fotográfico. Hiroshi Sugimoto es un experimentalista de la larga exposición, con resultados como su serie “theatres“, que exhibida en gran formato gana una dimensión de profundidad a la que el visitante se sentirá arrastrado. Otra serie ejemplar es la fascinante “lightning fields“, que nos permite ver el camino trazado por los rayos eléctricos con todo detalle, a partir de su impresión en la camara oscura. Es imprescindible, también, la minimalista “seascapes“, que a partir de una composicion simple, captura los contrastes entre mar y cielo, en afán de acercarse a la fotografía más plana y pictórica.

El dominio de la luz del autor es patente en la curiosa, casí inquietante “portraits”. Si queréis ser realmente sorprendidos, plantaros en la exposición y preguntaros como tomó las fotografías Sugimoto y solo después informaos de los hechos: hiperrealista tanto en forma como en fondo, estos retratos de figuras de cera parecen tener vida,  desde los posados de Ana Bolena o Enrique VII que solo podíamos imaginar en cuadros, hasta los más contemporáneos como Fidel Castro. Mientras que ninguno de ellos llegó a conocer al fotógrafo japonés, el lenguaje fotográfico les da a las réplicas una verdad que de por sí no tienen. Lo mismo predica Sugimoto al transformar expositores de museos de ciencias naturales en verdaderos paisajes documentales en “Dioramas“.

Black Box es una exposición donde se confunde la fotografía con las artes plásticas, dónde el mar y los cines se reducen a no-lugares de calma primordial. Donde Sugimoto nos genera preguntas como “¿Hasta que punto se planifican las fotografías que vemos cada día?” “¿Qué hace que las fotografías de Sugimoto se vean tan reales?” “¿Llegó el hombre a la Luna en realidad, o fué solo un simulacro?”. Altamente recomendable.

Polyester y el fantástico Odorama

John Waters creó Polyester en 1981, una película en la que hizo ensayo de traer una experiencia diferente e inmersiva, no a través de la estereoscopía ni nada parecido, si no a través de Odorama. Este experimento consistía en una targeta (de tamaño bingo) con diez zonas que se deben rascar para que desprendan olor. El odorama quería trasladar lo que se veía en la pelicula directamente al olfato del espectador. Cuando un número parpadea en la esquina de la pantalla es el momento de olfatear la muestra de fragáncia asociada. Este sistema es reconocido actualmente en los edible cinemas, usando el mismo esquema de diez pero centrándose en el gusto en vez de el olfato.

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Si algo me gusta de Polyester, es que una vez empiezas a verla entras a merced de lo que odorama quiera enseñarte. Y la película juega con eso. No sabes con qué te vas a encontrar. A veces el olor es el indicio de algo que aún no hemos visto, o algo inesperado. Algunos olores son agresivos. Pero una virtud de Polyester es que da la oportunidad de enfrentarnos con olores (o hedores) en un contexto seguro, siempre teniendo la opción de saltarnos las normas y no oler. De cualquier modo, el espectador se verá arrastrado a hacerlo por curiosidad, por morbo. Entre ellos (*spoiler*) cuál es el infame olor de las mofetas o nos darán a oler droga.(*/Spoiler*).

Explorar el cine olfativo necesitaba ser algo que transgrediera, aún más en manos de Waters; oler la madera vieja de La casa de la Pradera  y los mil hierbajos que la orbitan sería aburrido; para historias perfumadas ya tenemos los libros de Gerónimo Stillton. “Algunas cosas en la vida, simplemente apestan”, que diría la película. Polyester en ese sentido es muy granjua, siguiendo por ser muy divertida y acesible al público respecto a las películas más controvertidas de Waters.

En el papel de protagonista, encontramos a Divine, que sabe hacer el papel de ama de casa mejor que cualquier mujer. Su personaje, Francine, está dotado de un gran olfato y olisquea todo lo que hay a su alrededor. Es una renegada ama de casa que ve su familia resquebrajarse en sus manos: sus dos hijos estan totalmente desmadrados, y su marido le es infiel abiertamente. La hija adolescente ha descubierto el sexo en malas compañías y vive en un contínuo zorreo incluso en casa, mientras que el chico es secretamente un delincuente buscado. Otro papel divertido es el de la antigua empleada del hogar, una mujer fea, poco avispada y parsimoniosa que se ha vuelto rica de un día para otro gracias a una herencia. La fregona Cuddles es la mejor amiga de Francine. Su sonrisa desdentada y el mal acting la hacen un personaje inocente y simpático. Por lo demás, la família de Francine resulta desestructurada e ingobernable. Solo tiene que salir cinco minutos de casa para que cuando vuelva se haya armado la de Troya.

La comedia es muy descabellada, pero la actuación a veces es tan poco creíble que acompaña la exageración del guión. Sumándole además el odorama… Es una peli petarda, petarda.

Lo mejor: Divine y reír a carcajadas.

Lo peor: Nada. Si me apuras, algún personaje sobra más que otro.

Nota: 9. Muy, muy entretenida.

LadyBlood, ésta va por tí.

 

 

La joven del agua (2006) y mis ratos perdidos

Sí… No me preguntéis porqué he visto esta película. Yo quería ver El ocaso de los dioses. De todos modos me esperaba más de una película que pasó por los cines con un cartel tan llamativo. Es otra peli del señor Shyamalan en la que además hace aparición. En ésta, el protagonista es una especie de conserje que tendrá que ayudar a una ninfa del mar que aparece en la piscina de su comunidad de vecinos. Veremos a Paul Giamatti, el clásico actor de comedia, en el papel de hombre demasiado bueno que no ha sabido superar el duelo, y a Bryce D. Howard la veremos como pescadilla adicta a las duchas.

 La idea de la película es mezclar las leyendas en un contexto hipercuotidiadano.  Que la ninfa aparezca en un bloque de apartamentos es muy revelador. A partir de aquí, los vecinos siguen las leyendas como si fueran una profecía con tal que la ninfa pueda volver al mar.

El gran problema que tiene es no saber mezclar bien los géneros de fantasía y comedia. Mientras que todo lo acorde a la chica y su viaje parece ser muy místico, lo relativo a la comunidad de vecinos involucrándose en las profecías es tan marciano que no te lo puedes tomar en serio. Lo de leer rituales en las cajas de cereales te saca totalmente de la historia. Si quisieran compensar sus tintes de comedia, tendrían que hacer que el mundo mágico también tuviera más gracietas, aunque por el simple hecho de ser contado como un cuento la gente se lo suele tomar con más seriedad y pueden pasar desapercibidas al principio.

No entraré más en detalle porque no interesa. No es un Guillermo del Toro. Shyalaman suele salir con ideas ingeniosas, aunque el desarrollo de estas no siempre triunfe. Para muchos, La joven del agua será la gran olvidada entre El bosque  y  El incidente. No la véais. No, en serio. Haríais que me preocupara.

 

La nota: 5,4/10


 

Dicho ésto. ¡Terminé los examenes! No he estado muy activo porque he reservado mis momentos libres (¿qué momentos libres?)…. He reservado mis momentos de ¡a la porra los estudios! para leer… Y para ver películas que me descargué en 2006 mientras navego por internet. ¿Que hay de nuevo amigos?

 

‘Laurence Anyways (2012)’: la lucha por la propia identidad

Mientras que su ópera prima tenía el valor de darle una arrancada fuerte mostrando una gran necesidad de contar lo narrado; y mientras los amores imaginarios fueron un primer campo de pruebas estético; Laurence Anyways es la pelicula que finalmente sublima una historia con mucha fuerza a la par que logra una estética cuidada y consecuente.

Laurence es un hombre que en su trentena decide por fin declararse transexual. Una revelación como esta, a estas alturas de su vida, y llevando nueve años con su novia, supone un choque para todos, y mostrar una valentía de hierro por parte del protagonista. Resulta incluso sorprendente para el espectador que ve un cambio de la noche a la mañana. Esta es la historia de como él y su novia sobrevienen las dificultades ante la nueva situación y de como la misma causa estragos en la vida de pareja.

Las actuaciones de Melvil Poupaud y Suzanne Clément no tienen desperdicio, desde la evolución del Laurence en su nueva feminidad a las crisis emocionales de su novia Fred. Nos aportan, entre uno y el otro, diálogos muy intensos. Por supuesto no falta el cameo de Anne Dorval.

Dolan aborda el guión con imaginación, con caracterizaciones y detalles que sorprende ver en él. Se trata, reitero, de un salto calitativo notable en la filmografía del director. Presenta a la vez un gran interés por el color, esta vez con más acierto que en Los amores imaginarios: abandonamos los colores puros y estridentes por una mayor preponderancia colores pastel, unos y otros se alternan en la escenografía y en la iluminación. El vestuario se rige del mismo modo, un vestuario de hombreras y camisas a lo más noventero, pero con la exageración de una película de Almodóvar. El visual Kirtch de la película recuerda en más de una ocasión al trabajo de David LaChapelle.

Falta destacar el ritmo. Mientras que la película es muy larga, de dos horas y media, no solo consigue mantener el interés sino que controla los tiempos internos de cada escena. En definitiva, Dolan finalmente ha dado en el clavo. Larga vida a Dolan.

8,75/10.

 

 

‘Estación Espacial 76’: a años luz del entretenimiento

Si os va el bajo presupuesto, o las malas comedias por vocación de este siglo, si recordáis la Zombie Party (Shawn of the Dead) de Edgar Wright o esa Vampiras Lesbianas Asesinas, que sin demasiada pretensión incluye mucha acción entretenida, podríais caer en el error de ver Estación Espacial 76.SpaceStation76

Observad ésta carátula. Es la tripulación de la estación espacial número 76 mirando al infinito y vacuo espacio en posado existencial. Una carátula todavía demasiado épica para la historia que se nos presenta, pues Estación Espacial 76 es de hecho un space drama costumbrista (con trazas de comedia terriblemente efectuada).

El elenco de esta cinta es muy, muy afortunado, pues es el mayor reclamo que esta película de bajo presupuesto podría conseguir. Liv Tyler es la sexualmente reprimida segundo piloto centrada en su trabajo y que no puede tener hijos. Patrick Wilson—¿recordáis Hard Candy?— es el capitán de la estación. Su personaje es homosexual. Por último tenemos, entre otros menores, a Marisa Coughlan, una madre espiritualmente liberada que no duda ni un momento en ponerle cuernos a su marido exmilitar y cyborg de alma inocente Matt Bomer.

Sus personajes forman una comunidad que avanza junta pero que se resquebraja con el tiempo por los roces. El símil que se hace con los asteroides intenta esconder bajo un bonito simbolismo una ristra de escenas que ni tienen dirección alguna ni consiguen captar el interés.

EE76 no es una pelicula con unos errores determinados, sino más bien un gran error con pequeñas esperanzas. Pequeña esperanza, por ejemplo, la
ironía de ver como un robot pone un consolador dentro de Liv Tyler. Pero esta obra de teatro adaptada no aporta nada al cine.

Su aspecto retrofuturista es bastante más simple y da menos juego de lo que pudiera parecer, y su 3D remotamente decente, se lo podría haber ahorrado cuando no fuera indispensable. Acaba por ser una película muy dispersa, no pude ver más allá del minuto cuarenta. ¿Quién se atreve a continuarla?