‘Laurence Anyways (2012)’: la lucha por la propia identidad

Mientras que su ópera prima tenía el valor de darle una arrancada fuerte mostrando una gran necesidad de contar lo narrado; y mientras los amores imaginarios fueron un primer campo de pruebas estético; Laurence Anyways es la pelicula que finalmente sublima una historia con mucha fuerza a la par que logra una estética cuidada y consecuente.

Laurence es un hombre que en su trentena decide por fin declararse transexual. Una revelación como esta, a estas alturas de su vida, y llevando nueve años con su novia, supone un choque para todos, y mostrar una valentía de hierro por parte del protagonista. Resulta incluso sorprendente para el espectador que ve un cambio de la noche a la mañana. Esta es la historia de como él y su novia sobrevienen las dificultades ante la nueva situación y de como la misma causa estragos en la vida de pareja.

Las actuaciones de Melvil Poupaud y Suzanne Clément no tienen desperdicio, desde la evolución del Laurence en su nueva feminidad a las crisis emocionales de su novia Fred. Nos aportan, entre uno y el otro, diálogos muy intensos. Por supuesto no falta el cameo de Anne Dorval.

Dolan aborda el guión con imaginación, con caracterizaciones y detalles que sorprende ver en él. Se trata, reitero, de un salto calitativo notable en la filmografía del director. Presenta a la vez un gran interés por el color, esta vez con más acierto que en Los amores imaginarios: abandonamos los colores puros y estridentes por una mayor preponderancia colores pastel, unos y otros se alternan en la escenografía y en la iluminación. El vestuario se rige del mismo modo, un vestuario de hombreras y camisas a lo más noventero, pero con la exageración de una película de Almodóvar. El visual Kirtch de la película recuerda en más de una ocasión al trabajo de David LaChapelle.

Falta destacar el ritmo. Mientras que la película es muy larga, de dos horas y media, no solo consigue mantener el interés sino que controla los tiempos internos de cada escena. En definitiva, Dolan finalmente ha dado en el clavo. Larga vida a Dolan.

8,75/10.

 

 

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‘Estación Espacial 76’: a años luz del entretenimiento

Si os va el bajo presupuesto, o las malas comedias por vocación de este siglo, si recordáis la Zombie Party (Shawn of the Dead) de Edgar Wright o esa Vampiras Lesbianas Asesinas, que sin demasiada pretensión incluye mucha acción entretenida, podríais caer en el error de ver Estación Espacial 76.SpaceStation76

Observad ésta carátula. Es la tripulación de la estación espacial número 76 mirando al infinito y vacuo espacio en posado existencial. Una carátula todavía demasiado épica para la historia que se nos presenta, pues Estación Espacial 76 es de hecho un space drama costumbrista (con trazas de comedia terriblemente efectuada).

El elenco de esta cinta es muy, muy afortunado, pues es el mayor reclamo que esta película de bajo presupuesto podría conseguir. Liv Tyler es la sexualmente reprimida segundo piloto centrada en su trabajo y que no puede tener hijos. Patrick Wilson—¿recordáis Hard Candy?— es el capitán de la estación. Su personaje es homosexual. Por último tenemos, entre otros menores, a Marisa Coughlan, una madre espiritualmente liberada que no duda ni un momento en ponerle cuernos a su marido exmilitar y cyborg de alma inocente Matt Bomer.

Sus personajes forman una comunidad que avanza junta pero que se resquebraja con el tiempo por los roces. El símil que se hace con los asteroides intenta esconder bajo un bonito simbolismo una ristra de escenas que ni tienen dirección alguna ni consiguen captar el interés.

EE76 no es una pelicula con unos errores determinados, sino más bien un gran error con pequeñas esperanzas. Pequeña esperanza, por ejemplo, la
ironía de ver como un robot pone un consolador dentro de Liv Tyler. Pero esta obra de teatro adaptada no aporta nada al cine.

Su aspecto retrofuturista es bastante más simple y da menos juego de lo que pudiera parecer, y su 3D remotamente decente, se lo podría haber ahorrado cuando no fuera indispensable. Acaba por ser una película muy dispersa, no pude ver más allá del minuto cuarenta. ¿Quién se atreve a continuarla?

La multiventana: análisis de “La ventana indiscreta (1954)”

 

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“Cada hogar es un mundo secreto y privado. La gente hace muchas cosas en privado que no podría explicar en público.”
— La ventana indiscreta

Hitchcock nos trajo en 1954 la historia de un fotógrafo incapacitado en casa que decide espiar desde su ventana el plan de un asesino y acaba por ponerse en peligro. Si bien la trama principal de este filme se sostiene por las constantes deducciones que hacen Stewart y Kelly desde su apartamento como detectives casuales, esta mejora con la sinergia de relatos que se observan en las respectivas ventanas de cada vecino. Estos relatos avivan el ritmo de la película y dan una sensación de simultaneidad difícilmente vista en Hitchcock. El gran decorado de La ventana indiscreta siempre está vivo profiriendo un punto de vista detallado y holístico sobre el entorno; sus habitantes llenan el espacio desde la lejanía, desde la joven bailarina con un gran amor por comer y ser feliz, hasta al compositor que aclara sus ideas mientras barre y además llena el barrio de música.

No cabe duda de la fluidez lograda en el filme combinando satisfactoriamente la trama amorosa (inspirada en el romance de Ingrid Bergman y Robert Capa) con la trama detectivesca y también combinando la intervención de los personajes de apoyo, para tener su apogeo en unas últimas escenas con mucha tensión y suspense. La ambientación musical y efectos diegéticos potencian el tono de las escenas de manera ingeniosa. En consecuencia, no hay ningún momento en que se eche de menos más música.

Se trata adicionalmente de una película con potenciales reflexiones sobre el medio comunicativo. Concretamente, la fotografía es el arte del encuadre. Así encuadrando el fotógrafo expone una realidad y la muestra a otros, que adquieren una distancia mayor con el sujeto al ver la acción desde fuera. No sorprende que Stewart y compañía acaban todos siendo mirones convencidos de que aquello que comentan y critican es totalmente ajeno a ellos. El distanciamiento que supone mirar a través de una ventana vuelve aceptable espiar la vida privada de los demás con la falsa idea de que no se le percibe, o que no está interviniendo. La ventana, los prismáticos y la cámara, son “encuadres” que nos abren mundos desconocidos a la vez que nos “alejan” de ellos.

Por desgracia Hitchcock simula el encuadre de la cámara del fotógrafo con una viñeta redonda, cuando si bien la imagen que recibe un teleobjetivo es circular, el visor la recorta en rectangular, y en consecuencia se resta credibilidad a esos valiosos planos para los que hayan sostenido una cámara.

Esta narrativa multiventana, con distintos focos de acción, le añade capas a la historia. Le añade una capa de intimidad, cuando la señora Miss Lonely Heart ensaya una cena romántica sola en su casa. Ella no sabe que la están observando, y eso hace que lo que veamos sea más conmovedor y sincero que si no lo viéramos recortado por una ventana. Le añade un cariz extra de suspense cuando Kelly entra a solas en la casa del asesino, sin ver que este ya está volviendo. La escena nos pone  en el punto de vista del fotógrafo, que observa impotentemente como su chica se mete en las fauces del lobo sin poder avisarla, algo así como lo que veremos iterativamente en las películas de terror: “¡no vayas por ahí!”. Todo ello hace de La Ventana Indiscreta una película muy consistente respecto a lo que quiere contar y cómo lo cuenta. Es de lo mejor de Hitchcock.

‘J’Ai Tué Ma Mére (2009)’: esa madre es como la mía

J’Ai Tué Ma Mére (2009) se sentía como un grito en la oscuridad. Era la película de un Dolan adolescente esperando a decir lo que se había callado en años. Habiendo escrito el guión con dieciséis, lo trajo a la pantalla a los diecinueve. Precoz, lúcido, polifacético. Si algo admirable tiene esta peli, es que sea la voz propia del director. La historia personal es un motor catártico para las historias. Y verla me hizo entender como los adolescentes homosexuales conectaban con ella, no solo por la orientación del cineasta.

Al visionarla, por supuesto, también me convencí de algo muy importante: uno no tiene que cargar a sus espaldas toda la historia del cine para hacer una película. Nunca hay que querer estar a la altura de este o aquel otro. Para hacer cine, solo necesitas una historia que contar y la valentía suficiente para contarla. Dolan fue impávido más que nadie y quiso protagonizar su propia película.

Años más tarde, esa película llega a la casa de un servidor en DVD,  y las luces se apagan, y la abuela se sienta en la butaca, la madre en el sofá, mientras yo elijo el suelo.

Este Dolan, inmaduro y jai-tue-ma-mere-770288lgritón pone de los nervios y te amartilla el cerebro, y a los adultos no les provoca más que compadecerse. Es un niño mimado y de humor cambiante que no acepta a su madre -dice la abuela-, a la que, por extravagante que sea, le debe su vida. El film se reduce a una historia de tamaño doméstico que se limita a las rencillas entre una madre hortera y un hijo con demasiadas ganas de emanciparse.

Con todo saca un estilo propio a partir de poco -añado-,  consigue buenas frases y los monólogos  son antológicos, como lo es la remarcable escena visual y provocativa en la que el y su novio pintan a lo Jackson Pollock.

Ese niño no resultaba gritón para mis amigos, es más, diría que la película representaba la rabieta que siempre hubieran querido tener con sus madres y nunca tuvieron. Cabe decir, que la madre del protagonista tiene algo de exagerado, con sus rutinas caseras y su pésimo sentido del gusto, además que para Hubert (aka. Dolan) es una madre terrible y no reacciona bien al criticismo.

 Yo Maté a Mi Madre nos muestra las pulsaciones de acercamiento y distanciamiento de dos desconocidos. Los giros entre amor y odio se producen de manera tan repentina que no te los esperas. La orientación sexual del protagonista parece jugar un papel importante, pues mientras que tener un novio crea que es algo que le concierne solo a él, ella quiere que se abra y confíe en ella para esas cosas. Es así como la madre lo trata bien o tiene detalles con él esperando tener su gratitud y ganarse así el derecho a ser su confidente, pero para Hubert no es más que una estrategia para manipularle y intentar ponerle a su servicio, cuando Hubert no ha pedido nunca ninguno de estos favores. En cuanto a Hubert, odia a su madre por su manera de ser y por falta de entendimiento, pero a su alrededor siempre hay algo que le hace pensar en su relación y desear que sane. Hubert debe acopiar con sus contradicciones internas frente al amor hacia a su madre, unos sentimientos de los que extrae un gran potencial artístico.

Sabe justificar el batiburrillo doméstico con un guión consistente… Hasta la hora de metraje, dónde cambiar de escenario puede hace que se alargue, introduciendo escenas tan gratuitas como una paliza a Dolan, cuando, aunque tímido, nunca se había mostrado víctima de su homosexualidad (¿o quizás lo que quería era mostrarse frío frente a las agresiones?).

Lo mejor: la actuación de Dolan, y el universo que crea alrededor de su propia experiencia.

Lo peor: Necesitas empatizar con una de las partes si vas a querer disfrutarla.

Nota: 8.

“Repo! The genetic opera (2008)”, de Darren Lynn Bousman

Repo! es un musical vestido de película independiente que promete dar un enfoque original en estilo y musicalidad. Sus fans lo comparan con The Rocky Horror Picture Show. 

La premisa es clara, a mitades del siglo XXI, la fallida de órganos se ha vuelto la primera causa de mortalidad. En esta situación, la empresa Gene.co ha extendido su imperio de trasplante i préstamo de órganos, aunque si no puedes pagar… Aparece el Repoman, que asesina y roba los órganos de los morosos. Shilo (Alexa Vega) es una adolescente con una afección respiratoria que se escabulle de casa donde su padre (Anthony Head) la encierra día y noche. Lo que no sabe es que su sobreprotector padre es también el Repoman de Gene.co.

A tener en cuenta, la continuidad musical de la película. Los personajes no dejan de cantar en ningún momento, en todo caso, riman. Sonoramente, predomina la voz en directo: puede ser una ventaja (vease Los miserables (2012)) o puede ser una tara dando interpretaciones imperfectas o de actores como Paul Sorvino, que ni siquiera es bonita de escuchar. A ser poco, las canciones finales hacen un cambio hacia el play-back con una repentina intención de lucirse. Se palpa incluso algo repetitivo en las melodías, estiradas por encima de lo necesario. La Banda sonora la salvan las bases de Rock y Hard Rock, que aportan algo distinto al género.vlcsnap-2015-07-27-00h46m56s146

El elenco tiene como actuación más destacada a Paris Hillton haciendo de Amber Sweet, la hija de un magnate obsesionada con la cirugía y con un comportamiento a lo Paris Hillton. Sarah Brighman, la soprano del Time to say goodbye, aparece por primera vez en el cine, cantando la canción Chrommaggia. Terrance Zdunich, creador de la idea original, aparece como ladrón de tumbas, funcionando como un narrador que expande la mitología del mundo de Repo!.

La caracterización es otro punto a favor, el vestuario gótico le da un toque acorde a la música. La película está armada con apartes de cómic en 2D, la imagen está pasada por filtros y luces que buscan el blanco puro en las pieles de las actrices, en una suerte de videoclip de hora y media.

Paris Hillton en la portada.

Paris Hillton en la portada.

Lo mejor: Paris Hilton como Amber Sweet, incluso canta bien.

Lo peor: las dotes interpretativas de la familia Largo, así como sus personajes o sus escenas.

La nota: un 6. Esta película tiene otro “rollo”. El lado más indie del director de Saw II.

Porky in Wackyland (1938)

Os dejo la comparación de estos dos cortos de Porky: el original “Porky to Wackyland” y el remake en color “Dough for the Do-do“. Nunca había visto nada tan surrealista en Looney Tunes o Merry Melodies, podéis ver la clara influencia de Dalí en el segundo. Aporta un clima extraño a la clásica dinámica de estos dibujos, lo cual me parece muy original. ¡A la caza del dodo!

‘Tomorrowland (2015)’ o más bien Tumorland

Tomen Tomorrowland por el viaje cinematográfico al parque temático del futuro. La película nos presenta los espacios como si fueran Disneyland, es más, la historia PARTE en el parque Disney.  La película parece querer cumplir el propósito de iniciar a los niños en la ciencia ficción, para interesarse más tarde en los clásicos (veremos cameos en la película de algunas de las más conocidas ficciones del siglo XX): The Day the Earth Stood Still, Star Wars (¿se pavonean de tener sus derechos?)… Si se ha sentido nostálgico al leer esto y cree que esta película es para usted, está equivocado.

Disney puede hacer buenos taquillazos. Piratas del caribe sigue ahí. Tomorrowland sin embargo no se encuentra muy por encima del estándar de Disney Channel, ¿quién sabe qué hubiera pasado con Space Buddies si hubiera tenido más presupuesto? Algo parecido a lo que le ha ocurrido a Tomorrowland. Lo cual es una pena, porque en esta producción se encuentran Brad Bird y  el gran Damon Lindelof, que  queda encorsetado bajo las órdenes de Disney a hacer una peli de niños. En efecto, es una superproducción con George Clooney o Hugh Laurie, pero eso confunde: esta película es para niños vendida bajo una fachada pseudo-ciencia-ficción. Su ambientación retrofuturista me ha dado una sensación parecida a Bioshock Infinite.  ¿Cuál es el hilo conductor? No hay una trama definida, lo único que impulsa la trama es una sugestionada necesidad de encontrar Tomorrowland, El Dorado de los científicos. Al principio le falta linealidad; es tan disperso como el tratamiento estético, que nos guía adelante y atrás en el tiempo. A los diálogos les falta fuerza, algo más visible cuando los recita un niño actor. La historia no se encauza hasta la hora de metraje, y eso es un cruce del umbral (ese punto en que el protagonista ya no se puede desentender de la aventura) muy, muy tardío. El principio de la película se establece la mitología, aunque la única luz en ella parece ser Britt Robertson, la única actriz aportando un poco de naturalidad a su personaje.

La película tiene sus buenos momentos, esas escenas del broche y los Campos de cereales son originales y interesantes. Incluso los primeros momentos entre Cassie y Athena, la reclutadora de Tomorrowland, tienen un buen ritmo. George Clooney, el cascarrabias, es plomizo, su personaje no ofrece valor por encima de ser un puente a un ruinoso Tomorrowland, o yo qué sé, ser la fantasía de chicas adolescentes con el complejo de Electra. El guión está hinchado de mucho “no sabes a lo que te enfrentas y tampoco te lo decimos” sobre algo que no tiene mucho misterio.

En el lado bueno, la moral del poder del optimismo. En el lado malo, como en minutos la pelicula se transforma en la aventura de acción preferida de la escuela primaria dejándolo a usted–que acompaña a su hijo al cine- fuera, ¡pringado!.

Lo mejor: algunos momentos divertidos, el trigal.

Lo peor: con la fuerza natural que da el cine, valía la pena arriesgarse con un guión mejor, no con una película de tarde dominguera.

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